Villa General Belgrano, Argentina
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Fue a principios de la década del ’30 cuando empezó a surgir, lentamente, el hermoso pueblo que tanto amamos los que vivimos aquí. Villa General Belgrano, el Pueblo de las Culturas. El lugar se llamaba Colonia Paraje “El Sauce”, y las precarias viviendas aparecían diseminadas cerca de las márgenes de los arroyos La Toma, El Sauce, Los Molles, próximas a las quebradas de Las Higueras, El Damasco y El Jabalí.En esa época, se produjo el asentamiento de centroeuropeos como consecuencia de la política inmigratoria general. Así llegaron los primeros inmigrantes a nuestra zona, que no era un aluvión de alemanes, como se cree por tradición oral, sino que hubo españoles, italianos, franceses y alemanes.A partir de 1932 llegaron al lugar alemanes, suizos, húngaros y austríacos. Hay dos hombres que generaron y concretaron un proyecto que hace que sean considerados los fundadores del pueblo. Ellos son Paul Heintze, el hombre visionario que soñó con una colonia agrícola ganadera, autoabastecida, donde los hombres y sus familias recurrieran al trueque de lo que producían. Una colonia que funcionara como una cooperativa, a la manera germana; y Jorge Kappuhn, el hombre de negocios, hábil y adinerado, que tras integrar una sociedad con Heintze, adquirió las primeras 300 hectáreas a Francisco Pereyra, destinadas a futuros loteos. Estas se incrementaron luego, con la compra de campos a Laureano Martínez, Ramón Gigena, Justiniano Sánchez, Reinaldo Páez y Pedro Gauna, sumando así más de dos mil hectáreas. El proyecto incluía parcelar y forestar, para luego vender lotes a gente de habla alemana cuya penetración en nuestro país alcanzaba proporciones significativas.El criollo comenzó a relacionarse con el extranjero, produciendo una socialización benevolente del inmigrante, que aprendió el idioma y adoptó usos y costumbres criollas, y una adaptación paulatina del criollo a las exigencias de la vida ordenada y productiva del extranjero.Aquellas diez o quince primeras familias que compartieron el trabajo y las adversidades lograron formar un grupo de amigos, primero, y una comunidad, luego, donde la solidaridad era el fundamento y donde se hacía realidad el ideal de la convivencia entre los hombres. Cuando fracasó el proyecto de Heintze y Kappuhn, por diversas razones (falta de agua, pestes, imposibilidad de transportar la cosecha), la crisis, lejos de sumir al grupo humano en la desesperanza y desintegración, lo convocó, merced a la creatividad, a crear lazos para producir una transformación..., un segundo nacimiento. Fue a mediados de la década del 30, y los hombres se aglutinaban alrededor de un microemprendimiento abordado con humildes recursos: el turismo escolar. Cada casa de familia sufrió transformaciones para albergar, primero, a niños de escuelas alemanas de Buenos Aires y luego a sus padres. Más tarde surgieron las primeras “Colonias de Vacaciones”.La consigna era, como en la actualidad, hacer sentir al visitante como en su casa, atender bien, servir mejor y destacarse por las cualidades hoteleras y gastronómicas, aprovechando las bondades de la zona, que fueron explotadas con paseos a caballo, ascensiones a los cerros y jornadas de pesca. Un hito en el desarrollo de la identidad del pueblo lo marcó la presencia de los marineros de acorazado Graf Spee. Estos ciento veinte jóvenes ayudaron a impulsar el desarrollo económico-productivo-social, poniendo sus talentos al servicio del bien común y generando con su potencialidad, juventud y dinamismo un nuevo sentido en el trabajo comunitario. Se desencadenó el espíritu festivo que hoy identifica al pueblo y las manifestaciones comenzaron a tener presencia en el Munich, el Tirol y el Caballito Blanco. El nombre primitivo del pueblo había sido reemplazado por el de “Villa Calamuchita” en 1937 y, por Decreto Nº 46.815, el 29 de Agosto de 1941, el pueblo pasó a llamarse “Villa General Belgrano”.Gracias a la industria del Turismo, que fue bien programada y aprovechada, en la Villa se instaló el progreso. En el período que comprende de 1960 a 1970, los hombres aprovecharon la tradición “festivalera” y la utilizaron para promover el turismo. El pueblo se abrió y comenzó a ser conocido por las Fiestas, alrededor de las cuales y bajo su proyección se construyó la vida diaria.Así fueron surgiendo, de a poco y con trabajo, esfuerzo y dedicación las fiestas que hacen que Villa General Belgrano sea hoy uno de los destinos turísticos más importantes de nuestro país. |






